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miércoles, 23 de septiembre de 2015

¿Por qué son tan importantes las áreas verdes?


La Organización Mundial de la Salud dice que debe haber 9 m2 de áreas verdes por habitante.Algunos estudios muestran la mala distribución de los espacios verdes en nuestras ciudades como símbolo de inequidad. Cada vez que el gobierno anuncia que se construirá un nuevo parque la noticia es muy difundida y celebrada.

Muchos eligen vivir en una casa en los suburbios – a pesar de tener que pasarse un porcentaje considerable de tiempo viajando para llegar hasta su trabajo – con la excusa de que es la forma en que pueden tener un gran jardín en su propia casa. Y los departamentos más cotizados de la ciudad siempre quedan cerca de una plaza o un parque.

Todo lo anterior puede parecernos bastante conocido, pero ¿Por qué son tan importantes las áreas verdes en las ciudades?

Las áreas verdes te ayudan a ser más feliz

El diario La Tercera publicó hace no mucho tiempo un estudio de la Universidad de Exeter, en Inglaterra que afirma que vivir cerca de una zona verde produce una satisfacción mental sostenida en el tiempo, incluso mayor a conseguir un aumento de sueldo o una satisfacción laboral.

Los autores del estudio dicen también que el tener áreas verdes disponibles ayuda a evitar problemas mentales como depresión, estrés laboral o ansiedad.



Jugar en áreas verdes reduce la ansiedad en los niños

Un estudio del Laboratorio de Paisaje y Salud Mental de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, dice que los niños que juegan en áreas verdes tienen menos posibilidades de tener Deficit Atencional o ser Hiperactivos, y que el estar cerca de árboles y plantas es una gran ayuda en el tratamiento de los niños que tienen estos problemas.


Mientras menos verde más delincuencia

Según un estudio publicado en el 2001 en Chicago por Kuo, FE, & Sullivan, las personas que viven en edificios que se encuentran rodeados de árboles y vegetación tienen menos posibilidades de ser víctimas de la delincuencia que quienes viven en edificios de iguales características pero que están rodeados por sitios sin vegetación.

De hecho, en comparación con los edificios que tenían poca o ninguna vegetación, edificios con altos niveles de verde tenían 48 por ciento menos de delitos contra la propiedad y 56 por ciento menos de crímenes violentos. Incluso pequeñas cantidades de vegetación se asociaron a menores tasas de delincuencia.

El verde reduce la delincuencia a través de varios mecanismos, dice el estudio. En primer lugar, la vegetación ayuda a las personas a relajarse y ser menos agresivas. En segundo lugar, los espacios verdes acercan a las personas al aire libre, por lo que hay más personas en estos espacios y por lo tanto hay más vigilancia.

Además el que exista vegetación sería una señal para los delincuentes, de que los propietarios de estas casas o edificios están más organizados entre ellos ante un robo.


¿Abrazar árboles podría mejorar tu salud?

Esto es lo que afirma, Matthew Silverstone en su libro Blinded by Science, con el cual pretende probar científicamente a través de datos duros, estadísticas y hechos que la vibración de árboles y plantas nos puede ayudar a mejorar nuestros niveles de concentración, tiempo de reacción, depresión e incluso a aliviar dolores de cabeza.

Creamos o no lo que afirma Silverstone y sin conocer ninguno de los estudios anteriores todos tenemos claro que queremos vivir en ciudades más verdes. ¿Alguien tiene alguna duda que estar cerca de la naturaleza nos hace bien?

Si las áreas verdes generan bienestar y felicidad, los 9 m2 cuadrados recomendados por la OMS tienen aún más sentido y los estudios que hablan sobre la inequidad de las áreas verdes en nuestras ciudades dejan de ser sólo números y pasan a significar que tenemos sectores de la ciudad donde las personas tienen menos derecho a ser felices.




jueves, 23 de octubre de 2014

La secuencia Halprin




Lawrence Halprin, fuente Ira Keller, Portland, 1965-70 (foto: Karen Heredia)

Es famoso el episodio en que Luis Barragán recomendó o más bien exigió a Louis Kahn ‘no colocar ni un solo árbol ni plantar una sola hierba’ en el patio del Instituto Salk de la Jolla. Lo que no es tan conocido es que después de que Kahn y su cliente acordaron seguir la recomendación de Barragán, el mismo Jonas Salk, no del todo convencido, buscó una segunda opinión: la del arquitecto paisajista Lawrence Halprin. En esos años Halprin era uno de los arquitectos paisajistas más importantes en los Estados Unidos y el más reconocido en la costa oeste. A petición expresa de Salk, Halprin desarrolló una serie de alternativas que buscaban evitar o mitigar el duro aspecto y el potencialmente incómodo microclima que se produciría en un patio casi totalmente pavimentado. Después de ensayar distintas propuestas de vegetación, arborización, y tratamiento de agua, el propio Halprin reconoció la ‘poesía pura’ del diseño de Kahn y se retiró voluntariamente del encargo. No por ello, sin embargo, dejó de pensar que el patio merecía un tratamiento distinto al recomendado por Barragán.[1]


Lawrence Halprin, fuente Lovejoy, Portland, 1962-65 (foto: Karen Heredia)

Lo anterior puede dar la idea de que Halprin era un arquitecto paisajista en la tradición ‘naturalista’. Al contrario, sus paisajes se caracterizaron por una gran voluntad formal y una dureza material y háptica parcialmente aliviada por la presencia del agua. Su obra también tuvo un carácter más público que la de Barragán y ciertamente un pensamiento teórico más articulado. Nacido en Brooklyn en 1916, Halprin estudió ciencias y horticultura en Cornell y Wisconsin, y arquitectura del paisaje en Harvard. En Wisconsin conoció a quien sería su esposa, Anna Schuman, una bailarina y coreógrafa profesional que tuvo una gran influencia en su obra. Los paisajes de Halprin fueron pensados como secuencias estructuradas de espacios en las que los usuarios supuestamente interpretaban ‘coreografías’ o ‘partituras’ (scores) preestablecidas por el diseñador pero ‘abiertas’ a las contingencias y a la improvisación. A pesar del deterioro y el olvido por el que han pasado durante algunas décadas, los espacios abiertos de Halprin se han reafirmado a lo largo de los años y muchos de ellos son ahora referentes indispensables en distintas ciudades y barrios norteamericanos. [2]


Lawrence Halprin, fuente Lovejoy (foto: Juan Manuel Heredia)

Quizá la obra mas importante de Halprin sea la secuencia de plazas planeadas a principios de los años sesenta para la ciudad de Portland. En 1961 la Comisión de Desarrollo de Portland comenzó un ambiciosos proyecto de ‘renovación’ urbana en pleno corazón de la ciudad. Diseñado por el omnipresente despacho de Chicago, Skidmore Owings & Merrill (SOM), este proyecto consistía en tres supermanzanas con torres habitacionales y de oficinas y comercios de baja altura localizadas en la parte suroeste del centro, que básicamente hacían una tabula rasa de un barrio judío de gran antigüedad y tradición. Probablemente anticipando los efectos negativos que traería el proyecto, la Comisión llamó a Halprin para diseñar los espacios abiertos del conjunto. Basándose en el plan maestro de SOM, Halprin transformó lo que se preveía serían simples parques arbolados en tres memorables plazas para el encuentro y el esparcimiento humano. Engarzadas mediante corredores peatonales, estas plazas se concibieron como una representación de la topografía de Portland y de la región, metafóricamente recogiendo el agua de las montañas para conducirla a través de canales, estanques, fuentes y cascadas hacia el rio Willamette y eventualmente hacia la desembocadura del Pacífico.


Diagrama de la secuencia Halprin (http://halprinconservancy.org/)

La secuencia comienza en la parte más alta del complejo, en una pequeña fuente concebida como manantial (source fountain). Borbotones de agua hacen rebosar el nivel de esta fuente mientras un pavimento radial simboliza su emanación hacia la ciudad. El recorrido continua hacia el norte y desembocaba en la plaza Lovejoy, una gran plancha de concreto de geometría angular con una fuente cascadeante al centro y un expresionista pabellón de descanso. En días laborales este espacio funciona como zona de relajamiento para oficinistas y la comunidad universitaria vecina, mientras los fines de semana se convierte en un gran chapoteadero para niños, adultos y sus mascotas. Para el diseño del pabellón Halprin recurrió a su amigo y ex-socio Charles Moore, un teórico del agua y la arquitectura, cuya experiencia en este proyecto fue el antecedente de su muy famosa pero no muy exitosa Piazza d’Italia en Nueva Orleans.


Lawrence Halprin, fuente y (Charles Moore) pabellón Lovejoy (fotos: Juan Manuel Heredia)


Lawrence Halprin, parque Pettygrove, Portland, 1962-65 (foto: Karen Heredia; croquis: http://halprinconservancy.org/).

Descendiendo por los corredores arbolados uno se encuentra con el parque Pettygrove, un jardín sombreado formado por montículos de césped que recuerdan los montículos de la arquitectura precolombina de ese país. El recorrido culmina en la plaza o fuente Ira Keller, justo enfrente del Auditorio Cívico de Portland. En la parte inferior de esa plaza Halprin creó una impresionante fuente mediante gigantescos muros-taludes de concreto y plataformas desplazadas ‘flotantes’. El sonido ensordecedor producido por las cascadas contrasta con el murmullo del agua percibido desde el jardín superior. Pensados para el descanso, la recreación y la contemplación estos espacios se ajustan a los movimientos de las coreografías ideadas por Halprin pero también se desvían de ellas a través de performances artísticos y manifestaciones cívicas y políticas esporádicas.


Lawrence Halprin, fuente Ira Keller, Portland, 1965-70 (fotos: Karen Heredia)

La ‘secuencia Halprin’ -como generalmente se le conoce a este conjunto de espacios- es una especie de paradoja: una obra de gran potencial para la vida pública al interior de un complejo que niega a la ciudad misma. En efecto, a pesar su vitalidad ganada a golpe y paciencia (especialmente en la fuente Keller -la única que colinda con la trama original de Portland) estos espacios resaltan más por sus promesas de convivencia y encuentro que por su actividad efectiva y real. En ese sentido la secuencia fue un episodio importante dentro de la carrera de Halprin y de la arquitectura del paisaje estadounidense en general: un proyecto ‘catalizador’ de obras posteriores dentro y fuera de Portland, ciudad hoy en día excepcional en el contexto norteamericano por la cantidad, calidad y coordinación de sus espacios públicos. Una secuencia con-secuencias.[3]


Lawrence Halprin, fuente Ira Keller, Portland, 1965-70 (foto: Karen Heredia)


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[1] La historia del patio del Salk la narra Marc Treib en ‘To End a Continent: The Courtyard of the Salk Institute’, Journal of the Society of Architectural Historians 65-3 (Septiembre de 2006), 402-427. En ese ensayo Treib se muestra reacio a otorgarle a Barragán más créditos de los que él cree se merece.

[2] El libro más analítico sobre Halprin acaba de ser publicado: Alison Bick Hirsch, City Choreographer: Lawrence Halprin in Urban Renewal America (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2014).

[3] Ver Randy Gregg ed. Where the Revolution Began: Lawrence and Anna Halprin and the Reinvention of Public Space (Washington: Spacemaker, 2009).



Fuente: Arquine
por Juan Manuel Heredia | Portland State University / @guk_camello 
17 de julio de 2014

Espacios Públicos imperfectos I



La playa no es ya un espacio natural, ni siquiera antropizado, forma parte de un nuevo escenario planetario llamado antropoceno. En este escenario de lo imperfecto, existen también otros espacios públicos. Las playas forman así parte de este mundo sin exterior. Son entonces conglomerados de operaciones donde se representan diferentes políticas, modos de consumo de los cuerpos, infraestructuras marítimas del ocio y del deporte o modelos normativos y de control en un espacio “relajado”.

La playa es un espacio público limitado. A uno de sus lados, siempre se encuentra el agua, motor junto con el clima de la potencia ilimitada de este espacio urbano. Hablamos de playas urbanas occidentales con sus contaminaciones y sus banderas verdes. Lugares que se han desarrollado durante el siglo XX y se han propuesto como laboratorios de experiencias sensoriales estacionales.

Quizás los fotógrafos hayan puesto su mirada antes y de una forma más incisiva que los arquitectos en este espacio urbano. Describiendo 4 fotografías podremos realizar una mirada transversal a este lugar de lo cotidiano.


La playa es un museo de lo ordinario.

Imagen 01. Pelican Beach. Face in the crowd. 2013. Alex Prager.

No hay tantas cosas que diferencien un museo de una playa. Las multitudes inter-relacionadas en el mismo espacio y temporalidad, los grandes eventos que atraen al público, la condición de deseo por acceder al espacio y una forma de representación colectiva. Espacios intergeneracionales, donde se dan cita numerosas formas diferentes de representación. Aunque también las mismas formas de exclusión y representación del poder. Pensemos en los vendedores de collares y gafas de sol.

Una playa es un paisaje que tiene la capacidad de aumentar las experiencias sensoriales del espacio público. Muchas veces íntimas, pero que rápidamente pasan a ser públicas. Un territorio de experiencias sensoriales micro que llenan el espacio pasando a ser un lugar donde cada individuo puede performar una representación propia y más desligada de las convenciones que en otros espacios públicos congestionados, como los aeropuertos, salas de congreso, salas de cine… Pero las distancias de la proxémica, de las que ya hablamos en otra entrada, se rompen en la playa y lo íntimo se desvela público y las condiciones públicas de la multitud se encierran en una caja negra con la que es muy difícil trabajar. Todos observamos a todos: es un espacio de interacción múltiple en todas direcciones.

Pequeños objetos habilitados por las marcas comerciales, hacen de la playa un lugar donde cada nodo multipersonal establece su dominio, y sus cercado invisible. Toallas, neveras, sombrillas, zapatillas crean un límite desde el que establecer tu propiedad momentánea y desarrollar tu idea del mundo desde la que consumir el escenario. Nuestros hábitos cotidianos se hacen visibles en este lugar privilegiado desde donde podemos contemplar algunas realidades sociales, es decir, materiales y humanas. Como en un museo, nuestra capacidad crítica entra en juego para observar y destilar realidades.


La playa es una práctica.

Imagen 02. Playas. Massimo Vitali

La playa es un lugar donde grandes infraestructuras de ingeniería costera, como diques y barcos areneros, conviven con otras más dúctiles que sectorizan la playa y ordenan su funcionamiento como las balizas flotantes, los dispositivos de ocio hinchables o la habilitación temporal de espacios para el baño como el de la imagen de Massimo Vitali. Una infraestructura efímera, resiliente y adaptable que permite tener acceso al agua de una manera más sostenible que el aumento de la superficie de arena de las playas por métodos destructivos de flora y fauna marina para practicar un espacio.

La playa es un ecosistema del baño, la estética, el cuidado personal y la salud. La primeras aproximaciones colectivas a la playa fueron realizadas por una aristocracia cultivada que veía en ella un lugar donde mantener hábitos saludables y terapéuticos más relajados que en los balnearios. Pero en ese momento, existían un repertorio de normas reglamentarios que regulaban los horarios, las exposiciones al sol, los que podían y los que no usar la playa y la ocultación de los cuerpos de la cabeza a los pies. Todavía hoy guardamos muchas de estas normas que establecen la separación de playas en función de la desnudez de los cuerpos. Es interesante analizar en este caso, como la regeneración de algunas playasantes separadas por diques de rocas, han disuelto el límite entre playas nudistas y textilistas, y son ejemplos de convivencia simultánea en la diferencia donde cada individuo puede elegir su forma de estar sin excluir a otros por el hecho contrario. Por otro lado, las playas son también el motor de la innovación ligada a la industria textil. La reducción de superficies textiles en el cuerpo ya no son solo cosas de mujeres sino también de hombres; tras el bikini mínimo aparece el penekine como objeto textil de paridad.

El baño, el ocio, el descanso en cualquiera de sus variantes de los usuarios de la playa también generan el trabajo, la economía y la supervivencia para los trabajadores de este espacio. Policías, socorristas, evaluadores de la calidad ambiental, restauradores de chiringuitos y vendedores al sol forman el otro ecosistema que permite que el otro funcione.

Habitar la playa, es habitar una práctica ligada al contacto del cuerpo con el sol y el agua. O quizás ya no es solo así.


La playa es un centro comercial.

Imagen 03. Indoor beach. Martin Parr.

La democratización de la playa, se dio en la costa Este española de la mano de la presión inmobiliaria. La emancipación de una masa de ciudadanos con capacidades de crédito para establecer un lugar de residencia estival desarrolló las grandes infraestructuras de ocio, hostelería y turismo “de calidad” que hoy conocemos. Lugares como La manga del Mar Menor, planeado por Antonio Bonet en los años 60, es hoy un hito en un urbanismo playero. La presión inmobiliaria transformó el patrimonio natural de la península de La Manga en un territorio devenido en playa para todos.[1]

Pero para poner en práctica las actividades contemporáneas nada mejor que un centro comercial. Como hemos dicho antes, las playas forman ya parte de un conglomerado de operaciones más complejas que se insertan en dispositivos como los grandes centros comerciales. Aparecen aquí como espacios heterotópicos ubicuos que nos encontramos ya por doquier. La playa es entonces un dispositivo temporal. Es decir, un espacio para consumir tiempo. Una infraestructura de ocio para permanecer bajo las bóvedas de consenso[2] el mayor tiempo posible. Un lugar que no se diferencia mucho de los citados anteriormente salvo por contener una vigilancia y control mayor que los anteriores en cuanto a su acceso y su climatología particular. Las playas indoor, como las del WEM, espectacularizan lo cotidiano para acercarlo lo más posible al momento por antonomasia: el shopping.Cualquier actividad que seamos capaces de imaginar estará lo más ligadamente posible al acto de comprar.

Estas playas son más un artefacto o máquinas de consumir naturaleza enlatada que un escenario simplemente espectacular. Una forma de urbanismo indoor que produce cualquier elemento del imaginario colectivo ligado al placer, al descanso y a la diversión. Las olas, son el reflejo de la pulcritud con la que se elaboran estas representaciones urbanas y producen de nuevo estos espacios públicos imperfectos, donde es necesario fijar la atención para producir otros escenarios críticos posibles.


La playa es una temporalidad auto producida.

Imagen 04. Playa de Barcelona años 80. Pablo Pérez Mínguez.

La playa se construye cada día. Desde los rituales domésticos de preparación, su despliegue como ciudad ocasional, y su desmantelamiento al anochecer. Durante todo el día se suceden variaciones incontroladas del espacio que mediante una superficie adaptable, amoldable y modificable permite que casi todo sea capaz de suceder en este espacio. Desde lo individual a lo colectivo, del deporte a los conciertos, fiestas y festivales. Un espacio capaz de asumir la incertidumbre del momento y las necesidades especificas des-reguladas. En sus diferentes estacionalidades también es capaz de adaptarse a condiciones climáticas diferentes que muestran otra manera de utilizar espacios urbanos de diferentes maneras. Las masas muestran su cara más amenazadora y aplastante pero también incluyen historias vulnerables y frágiles. ¿Qué podemos aprender de ellas? ¿Qué sistema regulatorio y normativo hemos creado en nuestras ciudades que podemos dividirlas entre las que tienen y las que no tienen playas?

Lo que la ciudad pide cuando dice que Madrid necesita una playa, no es el agua, ni la arena, ni siquiera el sol. Madrid, al igual que otras ciudades, necesitan nuevas formas de plantear lo urbano. Modos que permitan que la flexibilidad y la adaptabilidad no sean solo condiciones espaciales sino que permitan que los cuerpos y otras representaciones sean posibles en los espacios públicos perfectos que hemos construido.

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Notas
[1] Segundas residencias. Veraneo en La manga y turismo de calidad. Miguel Mesa. http://medialab-prado.es/mmedia/13175/view
[2] WEM. Una máquina para consumir ciudad. http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=16346



por Mauro Gil-Fournier — Martes, 8 de julio de 2014
Fuente: La ciudad Viva

miércoles, 28 de mayo de 2014

Inundaciones en Santiago.

Después de ocurrido el gran incendio en la Ciudad de Valparaiso, han salido varias discusiones sobre los medios de prevención contra los efectos naturales que realiza el Gobierno de Chile.


Uno de estos problemas son las inundaciones que ocurren cada año en la ciudades mas grandes de Chile, normalmente pasa esto ya que el porcentaje de tierra que abunda el suelo, se ve afectado y disminuido por capas de cemento, asfalto, y otros cubrimientos. 







Cada día dejamos menos tierra al contacto del ambiente, pensando que esta es una manera al progreso, al desarrollo, pero la verdad es que estamos equivocados, el tipo de desarrollo que estamos creando es uno el cual atenta contra uno mismo, crea segregaciones, enfermedades mentales y en este caso problemas físicos contra las propiedades de los habitantes. 


Lamentablemente los Chilenos tenemos una mentalidad muy distorsionada a la realidad, queremos parecernos a las grandes ciudades, no importando que tengamos factores diferentes, si no que queremos ser grandes, o por ultimo aparentarlo. Ser totalmente tecnológicos, aparentar que estamos muy bien, o que hacemos las cosas muy bien, y nos preocupa mas el dinero que como queden las cosas, por lo que apuramos las cosas y al final quedan detalles que no se contemplaron y que son difíciles de solucionar.


Como por ejemplo podemos ver que hace no mas de un año atrás se modifico la Avenida Departamental en el sector entre Av. Tobalaba y Av. La Florida, el cual incorporo el corredor de transantiago. En este caso las personas encargadas, no se si por no ver en terreno la situación o simplemente por una proposición mal hecha, provoco que el agua que corría de este a oeste, corriera de sur a norte, botando toda el agua a las villas de las casas ubicadas a su costado, que eventualmente se podía observar que estaban a un nivel mas bajo y que claramente iba a terminar en estas el agua llevada por esta Avenida. Esto provoco la rotura de nuevo de lo ya construido y una mejor planificación de la distribución del volumen de agua, la cual era evidente que los sumideros de las villas no resistirían.


Esto no necesariamente ocurre en los sectores mas vulnerables, pero si es mas frecuente en estos, ya que se interviene menos desde los municipios, los ministerios, etc. Ya que la fuerza de poder acá en Chile se obtiene según la cantidad de dinero y contactos que tengas, poco vale los alaridos de las personas con una situación mas baja y cuando le dan tribuna , ejemplo en la televisión, lo crean como un show, haciendo que sea una teleserie, introduciendo al periodista en el agua, saliendo casi con un poleron, pero después de corta la trasmisión y se olvido.

Si lo vemos mas en detalles, tenemos que saber que es lo que existe actualmente y cuales son las alternativas que se están utilizando en este momento. Santiago tiene un sistema de aguas lluvias mayoritariamente hecho de drenes de infiltración, lo que implica que no se traslade la cantidad de agua a otras zonas con mejor absorción, y al estar tapado la tierra, esta no puede liberar el agua hacia es espacio, por lo que permanece húmeda y cada vez cuesta mas filtrar

El SERVIU (Servicio de Vialidad y Urbanismo) es el agente oficial que regula y aprueba los proyectos de las redes de pavimentación y aguas lluvias. Para cada construcción SERVIU le exige como mínimo un dren que abarque la cantidad de agua determinada a la zona construida, pero como hemos visto, estos no son la mejor solución en el caso de la ciudad.

Las constructoras al exigirle un mínimo, normalmente, proyectan estos, ya que le resulta de menor costo. Estos drenes o zanjas de infiltración (bolones, arenas y tubos), tienen que absorber la cantidad necesaria en un determinado momento, pero lo que no se dice, es que este sistema funciona una determinada cantidad y luego deja de funcionar o funciona mas lento, así como también el uso constante implica que la tierra absorba y no pueda eliminar la humedad, no tiene contacto directo al exterior y tampoco hay vegetación que adsorba esta agua, de esta manera, los drenes dejar de funcionar a su mayor capacidad. Lamentablemente, esto afecta mas a los lugares hundidos de la ciudad, porque al sobrecolapsarse los drenes el agua sigue corriendo por las calles y esta va a dar a estos lugares, formando posas y inundaciones.






En estos últimos tiempos hemos visto mayor cantidad de trabajos en este ámbito, colocando colectores de aguas lluvias en las principales arterias, pero si se sigue exigiendo  tan poco  a las constructoras, este asunto no acabará nunca.



Yo creo que el grave problema que tiene Santiago, es que no tiene una red concreta de Aguas Lluvias, hace poco se han estado colocando colectores de gran envergadura en algunas Avenidas, pero estas son insuficientes, ya que no abarcan todo lo grande que es. No tiene una planificación a gran escala, pero espero que se este incorporando y planificando esta red y que no sea a tan largo plazo la incorporación, ya que cada año siguen existiendo los mismos problemas y las personas siguen sufriendo.



Hay soluciones o maneras de combatir este problema, aún cuando se siga exigiendo lo que actualmente se hace y son formas que ayudan también la ciudad en otros aspectos. Revisando un blog, me tope con algunos sistemas que podrían ser útiles para este inconveniente. 



Jardines de lluvia: estos son bien parecido a las zanjas permitidas por SERVIU, pero en vez de dimensionar para la cantidad de casas, son pequeñas o grandes áreas de terreno bueno en absorción. No tiene una forma particular, puede ser redondo o cuadrado, o irregular, también puede ser de cualquier tamaño, puede ser pequeño para nivel de vivienda, o una mas grande como una plaza o un parque. Estas se tratan con bolones, y materiales que adsorbe el agua y sobre estas se colocan plantas que soporten una saturación de agua, así este lugar absorbe durante llueve y después de unas horas pasado esta, debería estar sin acumulación visible de agua.


Esto también ayuda para limpiar el agua, ya que al trasladarla a través de canaletas de hormigón o de acero, esta se va ensuciando y contaminando.

Acá en santiago se a contemplado este tipo de trabajos, hay un proyecto proyectado a la rivera del Zanjón de la Aguada, donde se proyecta un parque inundable, esto quiere decir que cuando allá una crecida del canal o cuando llueva mucho , este parque albergara una gran cantidad de agua, que será absorbida por la tierra y plantas, pero cuando no este lloviendo este será un lugar de recreación para la comunidad.








Zanja de infiltración vegetales un canal de drenaje con vegetación controlada específicamente diseñada para infiltrar las aguas lluvias a una velocidad baja. Bajo apropiadas condiciones de drenaje, topografía, pendiente y estabilidad del suelo, esta práctica se puede utilizar incluso en proyectos de infraestructura vial y terrenos acondicionados para transportar y tratar el agua de lluvia de vías y otras superficies impermeables . Cuando se compara con tuberías subterráneas o canales tradicionales, la zanja de infiltración vegetal aumenta el tiempo de concentración, reduce el caudal máximo y proporciona oportunidades de infiltración.



Cubierta vegetal extensiva: tienen una profundidad media de 5-12 cm. (2-6 pulgadas). Estos sistemas se caracterizan por su bajo peso, menor costo inicial en la construcción, y la diversidad mínima de especies. La cubierta vegetal intensiva a menudo tiene acceso peatonal y se caracteriza por una capa más profunda de sustrato o medio de crecimiento con mayores requisitos de mantenimiento, mayor requisito estructural y peso asociado.


 Asotea de edificios


Techos en industrias





La conservación de los árboles existentes o la plantación de nuevos árboles en los sitios nuevos o históricos: pueden reducir la escorrentía de aguas lluvias, aumentar la absorción de nutrientes. Está práctica de infraestructura verde aplicada a grandes superficies en zonas rurales, se lleva a cabo generalmente en una escala más pequeña en las ciudades. Es adecuada en nueva urbanización y para la reurbanización de las zonas urbanas y suburbanas. Lamentablemente en Santiago no sucede, hay poca cultura de conservación, mas bien de mantención de los arboles, no son regulados y aveces crecen de forma irregular, o crean conflictos, como que se caigan por estar pudriéndose.




Humedales artificiales: se pueden lograr mediante la restauración de humedales naturales o la construcción de obras nuevas. En las zonas urbanas donde el entorno construido puede alterar drásticamente el ciclo hidrológico natural, los humedales artificiales (HA) se utilizan para emplear vegetación de los humedales para el tratamiento de aguas residuales en un ambiente más controlado que en los humedales naturales.




Cualquier critica sera bienvenida recibida, siempre es bueno saber la mirada de otra persona, o otra información que posea y complementar así las propias.

martes, 20 de mayo de 2014

CUBIERTAS O TECHOS VERDES


En los últimos tiempos se ha hablado mucho de sustantividad, de las formas de crear la manera de hacer la arquitectura lo mas sustentable posible. Uno de los primeras soluciones que escuche en la Universidad fueron los techos verdes, lo que uno asumía que es una excelente solución, pero nunca llegamos a el detalle de ésta. Es por esto que he estado leyendo respecto a como se podría implementar esta solución realmente en Chile, específicamente mas enfocado a Santiago, ya que vivo acá y al ser la capital, posee los problemas obvios que conlleva una gran ciudad.


Las cubiertas verdes son una buena solución para las grandes ciudades, ya que uno de los principales problemas de éstas son su falta de áreas verdes y la aislación que provoca al poner capas sobre la tierra, haciendo que esta no tenga contacto directo con el exterior. Como podemos observar cada vez vemos mas lugares pavimentados, creyendo que de esta manera solucionamos nuestros problemas que tenemos con el polvo, o el barro que expulsa la tierra, pero no estamos pensando que estamos creando un grabe problema, el cual es la eliminación de las zonas verdes, las que filtran el agua de las lluvias, ayudan con la calidad del aire, la permanencia de la fauna, etc. Es por esto que se han propuesto ideas para intentar solucionar de alguna medida esta intervención al terreno.


 Las cubiertas verdes, son una posibilidad factible que se ha intentado introducir en otras ciudades, ya que no afecta directamente al suelo utilizado para transportarse, ni para realizar las actividades diarias de las personas, utilizan áreas que mayoritariamente son residuales, con muy poco o nada de uso.











Algunos de los beneficios de estas cubiertas verdes son:



- Aislación acústica
- Aislación térmica
- Reducen efecto isla de calor
- Mejoran calidad visual
- Aumento de áreas verdes totales por habitante
- Además es más barato para una ciudad mantener estos jardines en el techo que una plaza.
- Retención de polvo en suspensión.

- La duración del techo, estos llegan a durar entre 25 a 30 años, en cambio los techos normales duran al rededor de 12 años.
Además el techo verde aporta puntos para la certificación LEED.




La planta es un amortiguador en sí mismo. Después está el sustrato, que tiene un % de aire, y ese aire otorga aislación. Dependiendo de la humedad presente será la aislación. A mayor humedad, los poros están más tapados. A mayor humedad, menor aislación. Pero tienes igual una membrana retenedora de humedad que opera de tal manera que hace que el agua también sea un aislante, salvo que se congele. En síntesis, la capacidad aislante es real, medible, pero depende del estado de la vegetación y del sustrato. Lo importante es que cualquier suelo, para que viva una planta debe tener más o menos un 30, 40% de aire.

En relación a esto, ya se están realizando varias investigaciones sobre los tipos de vegetación que se podría utilizar en estas capas verdes, viendo las oportunidad de usar vegetación nativa, ya que es mas fácil su adaptación, en especial la ubicada en la Zona Central de Chile, donde podemos encontrar plantas muy resistente a la radiación, a bajas temperaturas y que consumen poca agua, o resisten mucho tiempo sin esta.


Uno de los principales trabajos que se esta realizando es de Fernanda Gómez, alumna de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la Universidad Católica, y Eduardo Olate, su profesor guía. Ellos están haciendo una esclarecedora investigación sobre techos verdes. Están averiguando qué plantas nativas que se encuentren en el mercado de los viveros, estas se adaptan mejor a las condiciones de una cubierta vegetal.
El estudio partió en abril de 2011 y hasta ahora han logrado identificar cuáles plantas de la selección se adecuaron mejor. Las conclusiones hasta ahora son muy útiles, pero quedan preguntas importantes. Como por ejemplo escalar el modelo, eso significa subirlo a la altura comparable de un edificio, donde el viento juega un papel importante para la sobrevivencia de las especies.

De la investigación pudieron sacar que las plantas buenas para ocupar en estas áreas verdes son, plantas para el sol, la verbena (glandularia berterii), nassella laevissima, Geum chiloensis, eryngium paniculatum (chupalla). Estas son las más espectaculares: cobertura rápida, siempre bonitas, de fácil mantención, siempre llenas de insectos benéficos. El azulillo (Pasithea coerulea), que aunque también es una buena opción, aparece y desaparece, entonces por harto tiempo no está y queda el espacio pelado.









Otra investigación es la desarrollada por la Universidad de Talca, donde se analiza la resistencia a las heladas, cobertura, y adaptabilidad a un sustrato bajo. Porque en el caso de estos techos extensivos el sustrato es de 10 centímetros aproximadamente.


De su investigación, han llegado a que las plantas como el sedum, un tipo de rastrera, son una buena opción para instalarlas en los techos verdes. Otras que funcionan muy bien son las plantas epífitas, estas crecen en los brazos de los árboles, como las bromelias y las orquídeas que andan espectaculares. Un poco de tierra y ellas brotan. Son plantas que se mantienen en poco sustrato, que no tienen grandes alturas.





 

Otras plantas que  funcionan bien son la lavanda y el romero son una buena opción, pero estas se ponen feas al regarlas en exceso. El romero se podría no regar en dos o tres meses y este no tendría problemas para sobrevivir. Está hecho para eso. Y desde el punto de vista de su crecimiento produciremos una planta mucho más compacta con una flor de color azul mucho más intenso y perfumado.






En caso de techo verdes se riega por aspersión. Y como son plantas con bajo requerimiento de nutrientes, se aplica fertilizante más o menos una vez al año, y que puede ser vía riego o liberación lenta. 

Como se puede sacar en claro, no todas las plantas necesitan la misma cantidad de agua, por lo que se debería establecer un sistema de regado, de modo de no ahogar o dejar alguna planta sin agua.

El pasto es lo más barato, pero lo que más consume agua. Lo usan mucho las inmobiliarias cuando construyen. Pero uno debería investigar sobre que pasto colocar, ya que como ejemplo  podemos ver el pasto Bermuda resistente a la falta de riego, pero este crece mas lento que otros pastos. Hay pastos que crecen rápido, pero ese pasto va a necesitar riego constante, por lo que es importante seleccionar bien la vegetación que queremos ocupar y cual es la que encaje mejor en cada caso.


Incluso el corte de pasto influye en la cantidad de agua que consume. Pero como nosotros tenemos la mentalidad de que visualmente el pasto largo es feo, se corta y intenta dejar lo mas parejo, cuando es al revés, el consumo del agua es mucho mejor al dejarlo largo, al rededor de 2 a 4 cms.


Otra de las cosas que la gente hace, pero no ayuda a que se mantengan las áreas verdes es barrer las hojas que caen de los arboles, el dejarlas ayuda al crecimiento y la automantención de las plantas y del pasto, esto ayuda a mantener el agua y crear sombra y a la fertilización. Ayuda a que las malezas no crezcan, al no tener exceso de sol.





En el nuevo plan regulador de la Región Metropolitana hay una disposición que indica que en el barrio universitario todas las nuevas construcciones van a fomentar la construcción de muros y techos verdes. Y están analizando lo mismo para las nuevas construcciones del centro de Santiago. Ademas de estas propuestas, se están evaluando leyes que regulen estas soluciones, un buen indicio de cambios y preocupación por la calidad de vida que cada vez se siente mas afectada.



Por ultimo dejar este proyecto de titulo de alguna universidad de Colombia, no recuerdo bien de donde es y no guarde el link del proyecto, pero lo encontré interesante como la forma de exponer la necesidad de áreas verdes, hasta el nivel de incorporarlo en un paradero de buses. Y pensar en una zona movible, que quizás sea ideológica y muy difícil de llevarlo acabo, pero da una entrada a otras posibles soluciones.









Para no olvidar, un techo verde es fuente de oxígeno y retención de carbono. Son corredores biológicos, son posibles soluciones que nos haría un ambiente mas grato y que podría ayudar a muchos problemas creados por el hombre, incluso problemas que el mismo se crea, como es el estrés, enfermedades por partículas contaminantes, etc.